Clara Graziolino
Escultora
María, íntima amiga y maestra en la creación de constelaciones improbables, me presentó a Clara sin que yo lo supiera. El primer contacto que Clara tuvo conmigo fue a través de la palabra escrita, en estos textos que cobran vida en cada equinoccio. Días después, recibí un mensaje de María con la obra de Clara y vi piezas intrépidas, delicadas, sin ataduras que van un paso por delante de lo que se espera. No siempre volando llegamos a los lugares más distantes; el arte también lo hace de forma veloz.
Un viernes por la tarde, recorrí Madrid a pasos largos. Había quedado con Clara en su estudio y no quería hacerle esperar. Llegué con la respiración descompasada, Clara me abrió la puerta con una sonrisa rasgada y me abraza con su mirada. Una ventana abierta al mundo. Sentí que había llegado a casa. Acompañadas por la banda sonora de la última peli de Nanni Moretti nos sentamos y, hablando de todo y de nada, comenzamos a desmenuzar el tiempo y a abrirnos a un viaje único cuyo final no coincidió con el punto de partida. Siempre hay algo mágico cuando somos amigxs de alguien que no conocemos: intuimos sus pasos, compartimos los escondites y somos cómplices en las risas y en las palabras no dichas. En los momentos en que no nos observamos, nos sentimos parte de una misma tribu: mínima y (casi) inexistente. Clara y su obra nos rompen e integran. Audaz, es el verso suelto dentro de una prosa socialmente preestablecida que se sigue escribiendo a diario, con lentos cambios y alguna (in)comodidad.
TRAYECTORIA

¿Quién es Clara?, surge la pregunta. Su cuerpo se contrae y se expande como una carcajada y me dice: “En el circuito de la danza, soy Clara la escultora, y en el circuito de la escultura, soy Clara la bailarina”. “Igual que en España eres la italiana, y en Italia la española, supongo”, le añado entre risas. En ese momento, percibimos que éramos vecinas cercanas; ambas habitábamos el mismo barrio liminal. De naturaleza transdisciplinaria e inquieta por antonomasia, recoger su biografía es continuo viajar con y por personajes variados que tienen como denominador común las artes performativas y plásticas en su génesis.
Clara es, conscientemente, el presente, en persona: nunca es, está siendo.
Nace en Turín en una familia numerosa, reside allí hasta los 20 años, estudia Letras Clásicas, pero en su interior sabía que quería ser escultora. Sus padres también, aunque la intentaron disuadir y motivar a encontrar otros derroteros. No se resigna y cuando termina la carrera de Letras se apunta a Historia Contemporánea. Sin ser consciente de ello, estaba cogiendo impulso para esculpir su sueño. A mitad de su segunda carrera, decide atreverse, se marcha a Florencia para estudiar Restauración de Cerámica y Piedra y por instinto se enfoca más en la cerámica. Sin saberlo de antemano, encuentra en la Restauración un lugar de convergencia de dos de sus pasiones: las ganas de trabajar con las manos y la Historia. Gravita a la vez entre ambas formaciones y como no le gustan los puntos suspensivos, termina con un luminoso punto aparte ambas carreras y empieza a trabajar como restauradora. No hay duda de que el arte nos hace más valientes y nos ayuda a ir más allá en nuestra propia vida. Clara es un buen ejemplo de ello: nunca se imita, siempre se descubre.
En 2003 se muda a Madrid. Igual a la falsa idea de que el mar nos da la sensación de que somos nosotros quienes entramos en él, lo mismo ocurrió con Madrid y Clara. No fue Clara quien entró en Madrid, fue Madrid que entró en ella y la inundó. Descubre a Agustín Bellusci en un curso de improvisación y su mundo se expande. Nada la hace parar. Empieza a recorrer todo Madrid con su patinete, teniendo siempre la creatividad como sombra. Poco a poco, va construyendo su propia red de contactos que la llevan, un verano, a Nueva York a los cursos intensivos de danza y performance de la Muvement Research school. Paralelamente, se apunta a la Escuela de Cerámica de Moncloa y a Estudio 3 de danza contemporánea, donde aprende e improvisa con maestros con identidades muy propias y complementarias. Cada uno deja su impronta en Clara, y ella en ellos.
En 2004 encuentra su actual taller, lo que le permite trabajar como restauradora para anticuarios mientras sigue con las clases. “Empecé a hacer mis primeras esculturas por el 2005, participé en concursos y también creé performances entre danza contemporánea y arte de acción. Hubo un momento en que juntaba la parte de escultura con performance. Cuando empecé, hacía más instalaciones que esculturas y me salía natural activar las instalaciones”.
En 2007, en Estudio 3, conoce a Mónica Valenciano, con ella Clara descubre un nuevo idioma alejado de la rigidez clásico-moderna de la danza, donde se siente, se mezcla, se improvisa, se experimenta, se explora, se dialoga, se crea a partir de la realidad de cada cuerpo y de cómo se mueve en el espacio. Una visión panorámica, poética, ecléctica e integradora que emocionó a Clara en la primera clase. A veces, la mente no sabe lo que el cuerpo ya descubrió: un saber no sabido que Clara tocó en ese momento ¡Eureka! “Mónica es una obra de arte en vivo y en directo”, afirma Clara. “Con ella no hay confines entre danza, poesía, investigación y vida. Entremezcla y funde de manera creativa sus búsquedas vitales y existenciales con el movimiento, la palabra y la poesía. Con ella he sentido una conexión profunda y la considero una maestra. La creación en ella sale siempre desde un lugar interno, muy profundo y casi chamánico. Con ella, el trabajo va siempre en la dirección de desarrollar y reencontrar la intuición y la sabiduría animal más allá de la razón cartesiana, pero ella nunca te lo diría así. Ella parece expresarse solo con poesía.” Mónica y Clara son de esas personas capaces de esculpir en la nieve con cada micro gesto. Sin saberlo, nos inspiran vertiginosamente a diseñar nuestro propio camino sin temblor en el trazo.
En la Escuela de Cerámica de Moncloa, Clara se apunta a varios cursos y talleres y conoce a maestros importantes como Ana Medinilla, Joan Llacer y Alfonso D’Ors. Algunos le llevan de nuevo al Oriente. “Muchos profesores coinciden con gusto e interés con la estética japonesa, y yo en ese momento también acababa de descubrirla. Un año antes de venirme a Madrid, estuve en Japón donde conocí la filosofía Wabi-Sabi. Me había impresionado mucho porque reflejaba todo lo que sentía y al final descubrí que había una cultura milenaria que sentía lo mismo que yo. Coincidió que mis profesores favoritos tenían mucho de la cultura japonesa. También la cerámica en Japón tiene otro valor. El cuidado por el detalle incorpora conceptos que en Occidente renunciamos, como la valorización de la vejez”.
En este momento, frenamos el paso y paramos de caminar por el recorrido artístico de Clara, para reflexionar sobre el porqué de la subvaloración de la edad en nuestra cultura Occidental…
Ambas formamos parte de una generación particular, nacimos en la frontera entre la generación analógica y la digital. Tenemos la facilidad de dialogar y aprender de ambas para intentar romper con conductas a destiempo que bloquean el cambio, como las que existen sobre la vejez. El paso del tiempo nos erosiona y modela el cuerpo, le da otras formas y pliegues, que surgen por la repetición de gestos únicos y llenos de identidad. De estos pliegues salen nuevos planos móviles y promotores de relaciones improbables hasta el momento. Este proceso es ininterrumpido desde el momento en que nacemos. ¿Por qué subestimarlo en la edad adulta? Si hay aceptación, inquietud y autocuidado, nuestro espíritu es furiosamente más libre tras cada año. Consecuentemente, nuestra belleza perfectamente imperfecta es más afirmativa, curiosa y sabia, porque el conocimiento vital no se compra ni se hereda, simplemente se adquiere. Hay que vivir para que “nos tornemos en la persona que siempre deberíamos haber sido”, ya decía David Bowie.
Retomamos el paso y me comenta:
“En 2008 tuve suerte porque uno de los anticuarios para los que trabajaba como restauradora cambió su trayectoria y transformó su espacio en una galería de diseño del siglo XX y arte contemporáneo. Se llevó mi escultura de cuencos a una feria y triunfó. Empecé a colaborar con él y trabajé con él muchos años… Él marcó mucho mi trayectoria, porque estaba en un momento que hacía mucha investigación, un momento muy creativo en mi vida, seguía creciendo artísticamente, pero yo necesitaba estructurarme económicamente… Cuando empecé a trabajar con él, decidí conscientemente abandonar un poco lo efímero para algo más material y concreto. Poder crear piezas que la gente pueda comprar y llevarse a casa. Y además yo soy muy tímida, y lo pasaba fatal en el escenario. Disfrutaba cuando terminaba la performance. Ahí también me di cuenta de que las dos carreras se estaban agrandando cada vez más y terminaba no pudiendo hacer bien ni una ni la otra. Y decidí tirar por la escultura que ha sido siempre mi sueño.”
OBRA
“Yo quería ser escultora porque siempre me ha encantado el volumen, el tacto y construir cosas… ¿Pero lo de la cerámica? No he sido yo quien ha elegido la cerámica, ha sido ella que me ha elegido a mí.”

¿Qué materiales utilizas en tus esculturas?
“Utilizo siempre el mismo barro: barro refractario de alta temperatura. Cuando me puse a estudiar cerámica, y como tengo esta tendencia de expandirme mucho, me parecía que estudiar cerámica era enfocarme demasiado. ¡¡Y NO, es un mundo!! Ni una vida entera es suficiente para explorarla… Entonces aprendí a acotar, acotar y acotar para darme una disciplina y no dispersarme. Trabajo siempre con el mismo barro y esmalte, haciendo variaciones mínimas… cambiando un poco el color de la pasta cerámica o dando un poco de color al engobe. Digamos que me he creado un método estricto, minucioso y repetitivo para tener un orden y disciplina. Trabajar la cerámica es estar en alerta máxima en todas las fases de un proceso largo… Por veces me siento una monja en el taller cuidando cada pieza”.
De esta relación tan íntima con la cerámica, Clara se hace inmensa. Mira de cerca, para poder ver más lejos y explorar con total libertad nuevos territorios: “donde me permito hacerlo mal, fracasar, aprender de ello, volver a ser una principiante y descubrirme”. Además de la danza, está sumergida en el canto, la guitarra y el dibujo. “Intento soltarme al máximo, improvisar, romper con todo y empezar de nuevo”. Un grito vital que rasga con el silencio que venera en su taller y que se hace resonar en sus esculturas… “porque todo se nutre de todo”, afirma con aplomo en la mirada. Definitivamente, Clara no es la ola, es el mar.
¿Qué líneas conceptuales tienes?
“Yo trabajo mucho por encargo, pero siempre me encargan mis obras. No acepto encargos personalizados, no me interesa… no me apetece.”
| SILENCIO, ARCHIVO DE LO QUE NO DECIMOS

El objeto cotidiano más sencillo posible es lo que atrapa el interés de Clara. Encuentra mucha poesía en hojas de papel en blanco, lo que la llevó a realizar un curso de papel artesanal para crear cientos de hojas con texturas muy rígidas destinadas a estas esculturas. Si en su vida, la repetición tiene un plazo de caducidad finito en sus esculturas, es sempiterno y con ella reaparece otra forma de hacer con un lenguaje con(mo)vida.
“Es como si hiciera un vocabulario donde todas las piezas son iguales, pero no idénticas. Como si tuviera a mi disposición cientos de elementos en los que pudiera hacer una coreografía con cuerpos todos muy parecidos, pero a la vez únicos”. En estas esculturas minimalistas, Clara monta torres de papel blanco por estratificación y acumulación: una metáfora de la acción cotidiana de amontonar pilas de papeles en casa. Esta escultura se llama SILENCIO, ARCHIVO DE LO QUE NO DECIMOS, “porque tengo claro que todo el trabajo tan minucioso con la cerámica y la creación de las hojas de papel también es una forma de expresar algo muy potente, muy mío… Las hojas en blanco representan todo lo que no soy capaz de verbalizar”. En estos poemas sin palabras está escrito todo aquello que no sabemos de Clara, pero intuimos.
| HIKEBUKURO DREAM

“Nunca se sabe cuándo empieza o se termina una historia”, esta frase la escuché una vez en el monólogo “Un obús en el corazón” de Wajdi Mouawad. Con Clara, igual, nunca se sabe cuándo algo está a punto de iniciarse porque los grandes cambios los hace desde la microescala: a través de la acumulación en vertical de un objeto utilitario como son los cuencos de pequeños y grandes formatos, todos iguales y todos diferentes, hace nacer la escultura HIKEBUKURO DREAM y ésta, a su vez, deriva en la creación de una vasija única y funcional. Algo aparentemente sencillo como es un plato, la retó. Encontrar la fórmula exacta para que no se rompa, que tenga el peso adecuado y que sea ergonómico puede tardar años… Clara, tenazmente, la encontró: tan valiente que cuando se rompía, la volvía a buscar, la encontraba y la armaba sola. Una y otra vez, hasta que el objeto final metamorfoseó todas sus fragilidades en potencia.
| COTIDIANA

COTIDIANA es otra línea de trabajo de piezas de pequeño formato inspiradas directamente en los objetos utilitarios que la acompañan en su día a día en el taller. Ejemplo de ello es el Trapo, donde explora los pliegues de cada tela, la textura, la levedad y la organicidad hasta el infinito. Clara no busca, encuentra. Quizás por conocer la grandeza del Silencio, mira con las manos y toca con la mirada cada elemento de su cotidiano, transformando algo, aparentemente banal, en un ente con biografía propia.
CONTACTO
Todas estas líneas sobre Clara y su obra fueron escritas a lo largo de muchos meses… Todo lo que nos atraviesa no encuentra la palabra idónea rápidamente; nos exige un tiempo de maduración. Nuestra conversación no tenía un destino definido, nos dejamos llevar: cruzamos la geosfera y caminamos seguras por lugares que anteriormente fueron recorridos con prudencia. Siempre estuvimos en los lugares que debíamos estar sin nunca llegar tarde a ninguno. Descubrimos paisajes interiores inmensos: encontramos flores en la garganta y goteras en el corazón. Pero, como Clara crea como vive: sin prejuzgar, mezcló e inventó un idioma propio alejado de la frialdad moderna para narrar cada momento con el número de palabras justo para que fuera inolvidable. Clara sabe que el Ahora es un instante. Ahora es un breve intervalo. Mañana, el tiempo vuelve a empezar.
Muchísimas gracias, Clara, ¡¡por este viaje colosal!!
Podéis contactar a Clara en:
IG | @claragraziolino
E.mail | info@claragraziolino.com
Web | www.claragraziolino.com
